El último día del dos mil doce lo disfrutamos de principio a fin. Hacía un día espléndido, soleado y con una temperatura muy agradable para pasear.
Despertamos a nuestras invitadas con la canción de Raphael, Mi gran noche, y después de un buen desayuno salimos a la calle. Se respiraba buen ambiente, se notaba feliz a la gente.
Llegamos a la Lonja y a la Catedral pero ambas estaban cerradas al público. Nos quedamos con ganas de visitarlas, pero bueno, una excusa más para que repitan la visita. De todos modos, Luisa nos explicó curiosidades sobre el exterior de los dos monumentos, se nota que es buena profesora.
En la puerta de la Catedral nos encontramos con un espectáculo típico mallorquín, con música y bailes.
Seguimos nuestra ruta turística paseando por el casco antiguo, admirando los patios, las fachadas, las calles y descubriendo rincones nuevos.
De vuelta hacia casa paramos en el Mercat de l'Olivar. Desde el primer día que fuimos nos encanta pasear por sus calles observar el género tan bien expuesto y acabar picando algo en el bar.
Después de descansar un poco empezamos con los preparativos de la cena, un menú nada típico: mejillones al vapor, plato de ibéricos y quesos variados, berenjenas a la cordobesa y sushi de salmón, lubina y dorada. Para beber una botellita de vino tinto Habla del silencio... Fue una cena espectacular creada por el gran chef Lucas.
Rápidamente recogimos todos y nos preparamos para ir a la Plaza de Cort. Este año tocaba tomarse las uvas frente a un gran reloj y acompañados por miles de personas desconocidas. Fue una gran idea. Brindamos, nos reímos y casi nos atragantamos con las uvas. Las calles estaban llenas de gente alegre, hablando, bailando, gritando, fotografiándose ... Estábamos todos muy felices.
Y bueno, de ahí fuimos al Bluesville a ver y escuchar un gran concierto. Fue un día en que lo dimos todo para entrar con buen pie en este año que acaba de empezar.
¡FELIZ AÑO A TODOS!





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