Durante la excusión de Peguera a Es Capdellà, Lucas y yo acordamos alcanzar las cimas más altas de Mallorca. A esta propuesta la hemos bautizado con el nombre "El desafío de los 10 miles", el cual consiste en subir a los diez picos que superan los mil metros de altitud en la isla de Mallorca.
El primero que hemos coronado ha sido el Puig de Galatzó con 1.027 m de altitud, situado en la parte sur de la Serra de Tramuntana y característico por su cima en forma piramidal.
Tal y como indica la web Senderos de Mallorca, dejamos el coche en el km 97 de la carretera Ma-10 (entre Andratx y Estellencs) y empezamos la expedición. A los pocos metros de emprender la marcha vimos un cartel con la foto de un coatí señalando que es un animal cazable ya que esta especie de mapache se ha convertido en una amenaza para la fauna autóctona desde hace más de cinco años.
Seguimos caminando y llegamos a una zona de picnic con un refugio. Aquí se puede elegir subir por el camino sur (a la derecha) o por el noroeste (izquierda) ya que la ruta es circular. En las indicaciones de la web recomienda tomar el camino de la derecha, pero nosotros tomamos el de la izquierda que nos parece más apetecible.
Las vistas de la costa noroeste y las montañas son increíbles. Abajo se ve la población de Estellencs y poco a poco se van descubriendo los demás picos de la sierra. Nos cruzamos con diferentes especies de setas, bosques de encinas y pinos. De repente, decidimos salir del camino y nos encontramos con una familia de cabras, pasamos a escasos metros de ellas y continuamos subiendo creyendo que en breve retomaríamos el camino. Cada vez el terreno se vuelve más impracticable. Llegamos a un zona de piedras sueltas bastante empinada que nos obliga a desviarnos un poco a la izquierda para seguir subiendo por una pared de roca. En las rocas de enfrente vemos otra familia de cabras. Se oye a los cabritillos, parecen niños llorando. Después de tomar estas imágenes continuamos la ascensión.

Y sin querer estamos escalando por una pared prácticamente vertical. Yo intentaba no mirar hacia abajo pero era imposible no ser consciente de lo que estábamos haciendo. He de reconocer que pasé un poco de miedo y Lucas seguro que también aunque no lo reconozca, je je, pero como buenos exploradores seguimos subiendo. Pocos metros después por fin encontramos la senda. ¡Qué alivio!
Llevábamos casi dos horas caminando cuando llegamos al último tramo que nos condujo a la cima. La media hora que nos costó llegar a lo alto del Galatzó se tornó difícil ya que el hambre y los dolores empezaban a aflorar. Felizmente llegamos al punto geodésico y disfrutamos de la maravillosa vista panorámica del suroeste de la isla, de la bahía de Palma y de los picos más altos de la Sierra de Tramuntana. Aunque estaba brumoso pudimos apreciar la silueta de Ibiza. Era asombroso. Estábamos allí arriba, las nubes pasaban por debajo de nosotros, el destello del sol sobre el mar nos deslumbraba y el viento frío refrescaba nuestro cuerpo tras el esfuerzo.


Antes de que el viento frío nos destemplara nos refugiamos para almorzar. Mientras reposábamos un poco presenciamos lo que se ve en el siguiente vídeo. ¡Qué preciosidad! Poned alto el volumen y escucharéis el sonido de la naturaleza.
Efectivamente, no se oía nada. Paz absoluta. Increíblemente genial. Las nubes nos rodeaban, sobrevolaban nuestras cabezas y pasaban tanto por la derecha como por la izquierda para deshacerse delante nuestro.
Enseguida retomamos la marcha. Ahora tocaba el descenso por el otro camino para seguir la ruta circular. El cielo empezó a encapotarse, se puso bastante negro y el viento soplaba con fuerza. Por el lado que bajamos no hay tanta vegetación y el descenso fue bastante más rápido de lo que esperábamos. Enseguida llegamos al último tramo antes del cruce con el refugio, pero antes nos volvimos a encontrar con otra familia de cabras que nos miraban desafiantes. Se apartaron un poquito del camino para que pasáramos y continuaron comiendo. Es increíble el aroma que desprenden estos animales, ¡huelen a queso de cabra!, con lo que me gusta a mí el queso.

Después de cuatro horas y media y once kilómetros caminados llegamos al coche, doloridos pero contentos por conseguir el primer reto de diez. Ya sólo quedan nueve.
Dos días después de esta expedición aún me duelen los gemelos y la cadera. Para la próxima excursión seguiré los ejercicios de estiramientos a rajatabla.
El primero que hemos coronado ha sido el Puig de Galatzó con 1.027 m de altitud, situado en la parte sur de la Serra de Tramuntana y característico por su cima en forma piramidal.
Tal y como indica la web Senderos de Mallorca, dejamos el coche en el km 97 de la carretera Ma-10 (entre Andratx y Estellencs) y empezamos la expedición. A los pocos metros de emprender la marcha vimos un cartel con la foto de un coatí señalando que es un animal cazable ya que esta especie de mapache se ha convertido en una amenaza para la fauna autóctona desde hace más de cinco años.
Y sin querer estamos escalando por una pared prácticamente vertical. Yo intentaba no mirar hacia abajo pero era imposible no ser consciente de lo que estábamos haciendo. He de reconocer que pasé un poco de miedo y Lucas seguro que también aunque no lo reconozca, je je, pero como buenos exploradores seguimos subiendo. Pocos metros después por fin encontramos la senda. ¡Qué alivio!
Llevábamos casi dos horas caminando cuando llegamos al último tramo que nos condujo a la cima. La media hora que nos costó llegar a lo alto del Galatzó se tornó difícil ya que el hambre y los dolores empezaban a aflorar. Felizmente llegamos al punto geodésico y disfrutamos de la maravillosa vista panorámica del suroeste de la isla, de la bahía de Palma y de los picos más altos de la Sierra de Tramuntana. Aunque estaba brumoso pudimos apreciar la silueta de Ibiza. Era asombroso. Estábamos allí arriba, las nubes pasaban por debajo de nosotros, el destello del sol sobre el mar nos deslumbraba y el viento frío refrescaba nuestro cuerpo tras el esfuerzo.
| Desde la cima con vistas a Calvià |
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| Vistas desde el Puig de Galatzó |


Antes de que el viento frío nos destemplara nos refugiamos para almorzar. Mientras reposábamos un poco presenciamos lo que se ve en el siguiente vídeo. ¡Qué preciosidad! Poned alto el volumen y escucharéis el sonido de la naturaleza.
Efectivamente, no se oía nada. Paz absoluta. Increíblemente genial. Las nubes nos rodeaban, sobrevolaban nuestras cabezas y pasaban tanto por la derecha como por la izquierda para deshacerse delante nuestro.
Enseguida retomamos la marcha. Ahora tocaba el descenso por el otro camino para seguir la ruta circular. El cielo empezó a encapotarse, se puso bastante negro y el viento soplaba con fuerza. Por el lado que bajamos no hay tanta vegetación y el descenso fue bastante más rápido de lo que esperábamos. Enseguida llegamos al último tramo antes del cruce con el refugio, pero antes nos volvimos a encontrar con otra familia de cabras que nos miraban desafiantes. Se apartaron un poquito del camino para que pasáramos y continuaron comiendo. Es increíble el aroma que desprenden estos animales, ¡huelen a queso de cabra!, con lo que me gusta a mí el queso.
Después de cuatro horas y media y once kilómetros caminados llegamos al coche, doloridos pero contentos por conseguir el primer reto de diez. Ya sólo quedan nueve.
Dos días después de esta expedición aún me duelen los gemelos y la cadera. Para la próxima excursión seguiré los ejercicios de estiramientos a rajatabla.
¡Hasta pronto!


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